Vivimos tiempos de enfado, de grosería dogmática en la plaza pública digital y de voluntad destructiva de todo aquello que nos hizo más fuertes como sociedad. La pandemia global que hemos sufrido –y cuyos efectos aún permanecerán entre nosotros durante un tiempo– ha inflamado algunos de los males que ya padecíamos, como el cuestionamiento del sistema político liberal por parte de fuerzas de corte populista o la fragilidad de las opciones políticas convencionales que han difuminado su discurso ante el empuje de los enemigos de la libertad. También la velocidad parece haber aumentado; cada vez todo va más rápido y no hay tiempo para pensar ni lugar para la reflexión, la duda o la curiosidad…

«Conviene hacer apología de la impureza y de la exaltación de la duda»

Artículo completo publicado en Ethic